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¿Sabías que a los criminales se les tatuaba la cara como castigo en Japón?

5/07/16 | +Asia

Uno de los elementos con los que Japón ha tenido una “relación” complicada y que a nosotros nos parecen algo banal, son los tatuajes. Como ya hemos explicado en NoSoloManga, una persona con tatuajes no podía, hasta hace muy poco, ir a muchas de las casas de baño japonesas, también llamadas onsen. Seguramente las personas más mayores aún no se fían del todo de las personas con tatuajes, pues un tatuaje hace muchos años era un sinónimo de pertenecer a la mafia. Sí, esto está cambiando en el país del sol naciente, pero aún hay muchas personas mayores que los considera de mal gusto, pese a que el país tiene algunos de los mejores artistas y algunas de las mejores técnicas del mundo.

Tatuaje Japonés

Lo que la mayoría de gente desconoce, es que hace mucho tiempo, en el periodo Edo (1603-1868), a los criminales de delitos no violentos se les castigaba tatuándoles en la frente. A este castigo se le llamaba “Pena de tatuaje” (Irezumi kei), que fue realizada a los autores de delitos menores como el robo o el allanamiento de morada. Se consideró una especie de castigo corporal, similar a la flagelación.

A menuda este castigo era acompañado con la expulsión o el exilio del delincuente de la zona correspondiente. Este castigo sirvió como un elemento disuasorio por dos razones: el dolor que sufrían los delincuentes al ser tatuados en la cara, y pasar el resto de su vida como un criminal, ya que el tatuaje en la cara era una advertencia para el propio delincuente y, sobre todo, para el resto de ciudadanos.

Tatuaje Japonés Edo

Los tatuajes también tenían una finalidad para los demás ciudadanos y las autoridades de la época; el tipo del tatuaje se diferenciaba por la región en la que fue impartido el castigo, de esta manera las personas podían saber de qué región era el condenado. Además, en algunas ocasiones, también se podía ver una especie de “cuenta atrás” de tres avisos, donde por cada fechoría realizada se tatuaba un carácter. Si el carácter (大) era completado y el delincuente cometía un delito más, por leve que fuese, se le condenaba a muerte.

Los tatuajes japoneses se remontan hasta los periodo Jōmon (Jōmon-jidai, 縄文時代), que se inició en Japón aproximadamente en el 500 a. C. y duró hasta el 300 a. C. y el periodo Yayoi (Yayoi jidai, 弥生時代), que sigue al período Jōmon y que abarca unos 550 años, desde el año 300 a. C. al 250. En estas épocas se cree que los tatuajes eran algo místico, sin embargo, posteriormente la cultura se alejó de los tatuajes hasta el periodo Edo, en la que regresó de una manera totalmente diferentes.

Tatuaje Japonés

Durante el periodo Edo no existían las cárceles hasta el desarrollo de grandes ciudades como Osaka y Tokio, que impulsaron un aumento de la delincuencia. Antes de esto, la amputación de la nariz o las orejas era el “castigo diario”. En 1745 el tatuaje sustituyó a las amputaciones, pues la sociedad era más suave y menos sedienta de sangre. Esto fue evolucionando con los años y los tatuajes faciales se iban cambiando a algo menos embarazoso, como tatuajes en el brazo, algo que está muy de moda en nuestros tiempos. Finalmente en 1872 Japón abolió la “Pena de tatuaje”.

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