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¿Qué pasa con los manga que no se venden? Pista: los compras sin darte cuenta

9/02/18 | +Asia

El manga japonés constituye una de las tres grandes tradiciones historietísticas a nivel mundial, junto con la estadounidense y la franco-belga. Abarca una extensa variedad de géneros y subgéneros, lo que ayuda a que el público que lo consuma siempre encuentra su temática preferida en este mundillo. Es una parte muy importante del mercado editorial de Japón, moviendo muchos miles de millones al año. Además, las historias que en ellos se realizan propician muchas otras adaptaciones a distintos formatos, como son las series anime o live-action. Cada semana o mes se editan nuevas revistas con entregas de cada serie y, desde los años ochenta, estas historias han ido conquistando también los mercados occidentales.

Es un mercado en donde miles de millones de páginas se imprimen y venden cada año. Pero… ¿qué pasa con las cientos de mangas que no se venden? Seguramente, si eres un artista de manga, hay dos signos inequívocos de que has llegado a tener fama. La primera es cuando un editor importante decide serializar tu trabajo en una de sus antologías, y la segunda es cuando dicha serie tiene suficientes capítulos y una base de fans lo suficientemente grande como para que el editor saque un tankobon o tomo recopilatorio de tu serie.

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Aunque la publicación digital está abriéndose camino en este mundillo, ya no solo en Japón sino también en el resto del mundo, el negocio del manga todavía se basa principalmente en papel. Tiene que ser un momento de gran orgullo cuando los mangakas ven su tomo recopilatorio en los estantes de las tiendas por primera vez. Pero el hecho de que se pongan a la venta no significa que todos los tomos encuentren hogar. Lo que les ocurra a las copias no vendidas puede ser desgarrador para los artistas de manga, como es el caso de Rensuke Oshikiri, magaka conocido por su obras ‘High Score Girl’ (‘ハイスコアガール’), ‘Pupipo!’ (‘プピポー!’) o ‘Yuuyami Tokkoutai’ (‘ゆうやみ特攻隊’).

Rensuke Oshikiri escribió un mensaje recientemente: “El otro día, fui a una fábrica administrada por Kodansha (editorial manga). Aquí es donde los tomos recopilatorios devueltos y defectuosos son tratados sin piedad. Con un estridente rugido, el tankobon, que es el alma de un creador, se rasga en pedazos, se comprime y cumple su destino de ser reciclado en papel higiénico. Incluso vi mi propio tankobon en este lugar”.

Como se muestra en las fotos de Oshikiri, las montañas de cómics manga se apilan en el almacén, en donde se carga y descarga, carga tras carga, en una máquina que los tritura y descompone. La revelación del mangaka, de una parte de la industria que es poca conocida, tuvo un efecto aleccionador en la red social. Muchos han querido compartir su opinión:

– “¿No pueden encontrar una forma barata de almacenarlos y luego venderlos poco a poco?”.
– “No se puede evitar. Cuesta dinero almacenar libros sin venderlos”.
– “Que desperdicio. Desearía que los hubieran donado a una biblioteca o algo así”.
– “Deben reducir el precio de venta a la mitad o algo así, antes de que tengan que hacer esto”.
– “La realidad es dura“.

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