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Los temas tabú de los que nunca escucharás hablar en Japón

16/06/17 | +Asia

No hace falta deciros que los japoneses para, según qué cosas, son bastante peculiares. Por ejemplo, odian mostrar sus debilidades o aspectos negativos de su sociedad. Es una forma de protegerse. Por ello, hay temas de los que no les gusta hablar, temas que muestran los errores de su sociedad, y no hablamos precisamente de temas como la guerra. En Japón existen algunas temáticas que nunca son tratadas en los noticieros, al menos de forma común, y que no pueden ser temas de conversación entre una reunión de amigos con japoneses.

Uno de los temas más tabú entre los nipones son los burakumin (部落民), probablemente la clase social más baja del país, que está formada por alrededor de 3 millones de personas y cuya única diferencia del resto de japoneses es el trabajo que la familia de estos realizaban de forma tradicional. Los burakumin son étnica, lingüística y racialmente indistinguibles de los otros japoneses, pero la discriminación que existe hacia ellos es aún hoy en día muy importante. Por supuesto, esto no gusta que se sepa en el extranjero, y por ello los nipones casi no hablan del tema.

En el sistema de estatus formalizado durante la era Tokugawa, que duró hasta finales del siglo XIX, estaba dividido en 5 niveles. Mientras que los samuráis estaban en lo más alto del sistema, como hemos dicho ya muchas veces, en la parte más baja de la sociedad se encontraban algunos trabajos considerados impuros para la sociedad. Carniceros, curtidores y sepultureros eran los eslabones más bajos de la sociedad. Llegaron a ser considerados casi como animales.

Japón - Pixabay

Estos comenzaron a vivir de forma marginal, juntándose en asentamientos que, obviamente como suele ser habitual en este tipo de guetos, atraían la delincuencia y los asuntos turbios. La discriminación oficial y no oficial provocó que estas familias progresasen con unos estándares de vida, económicos y culturales muy por debajo del resto de la sociedad, aumentando de esta forma la brecha entre los burakumin y el resto de la sociedad. Por este motivo actualmente sigue habiendo una cierta discriminación hacia ellos, a pesar de los esfuerzos oficiales para eliminar la disparidad.

Los pocos que consiguen estudiar y sacarse una carrera, no pueden entrar en un entorno laboral competitivo, pues su pasado está totalmente recogido en el koseki, el registro familiar más completo del mundo que se remonta a cientos de años. Lo usan las empresas para seleccionar candidatos o, incluso, padres de familia para comprobar de dónde proceden los novios o novias de su hijo o hija.

Los nipones tampoco gustan hablar de los coreanos y, en especial, de los norcoreanos. Existe una pequeña generación de japoneses nacidos en el país pero de padres norcoreanos, son los “zainichi coreanos”. Los primeros coreanos del norte llegaron a Japón como esclavos, tras la ocupación japonesa de Corea. Estos coreanos y sus descendientes vivían en guetos, y los japoneses de “sangre pura” no se mezclaban con ellos. Tenían incluso sus propias escuelas, en parte por la discriminación y en parte por el culto o los valores diferentes de cada sociedad, y las empresas más importantes no los emplean entre sus filas.

Japón - Pixabay

Su mercado laboral es muy limitado, caso como los burakumin, así que se dedican a negocios rentables pero quizás menos interesantes para un japonés culto y con estudios. Muchos propietarios de tiendas de máquinas tragaperras, como las famosas pachinko, son de descendencia coreana. La tensa situación de Japón con el gobierno de Corea del Norte, actualmente su mayor enemigo y amenaza, no ayuda a que la sociedad vea con otros ojos a este grupo étnico minoritario de su entorno.

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