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La mujer del paraguas; la terrible leyenda que no te dejará caminar sólo por la calle

19/07/17 | +Asia

Japón es cuna de algunos de los lugares de la tierra más hermosos y mágicos. Pero, también es uno de los países de la tierra con más historias aterradoras. Recordemos que el país del sol naciente posee una gran e importante cultura tradicional, que sigue muy presente entre los jóvenes de su sociedad. Su folclore cuenta con cientos de Dioses, monstruos o yōkais.

En esta ocasión nos vamos a centrar en una leyenda urbana conocida entre los jóvenes y no tan jóvenes del país nipón. En muchas ocasiones, estas leyendas parten de hechos reales, pero estos son exagerados. Hoy vamos a contaros la leyenda de Kasagamisama, la mujer del paraguas, con la que es, posiblemente, la historia más conocidas entre los niños nipones.

Kasagamisama, la mujer del paraguas

La historia comienza con un a mudanza. La mudanza de un joven y su familia a una cosa en un entorno rural. Aprovechando las vacaciones de verano, Kenji decide ir a visitar a su mejor amigo en su nueva residencia. Los dos jóvenes meriendan sentados en el exterior de la casa mientras charlan sobre sus nuevos y antiguos compañeros. La madre del joven le pide ayuda a este para cargar sandías, por lo que Kenji sigue tomándose la merienda solo.

El pequeño visitante se fija en la rudimentaria para de autobús que se sitúa justo delante de la casa. Observa a una mujer debajo de un paraguas. Al joven le resulta tremendamente raro, ya que están en pleno verano y hace un día estupendo. De pronto comienza escucharse un ruido un tanto extraño: ¡kushiiiiii!, ¡kushiiiiii! El muchacho clava la mirada en la mujer, y de pronto su amigo lo interrumpe con un trozo de rica sandia. Cuando el joven Kenji vuelve a fijar la mirada en la para del autobús, no hay nadie.

Kasagamisama, la mujer del paraguas

El joven cuenta a su amigo lo que ha visto mientras detrás de ellos el padre de este, que les llevaba mas sandia, escucha atemorizado la historia. De pronto, el plato con la fruta cae y el padre susurra con voz quebradiza: era kasagamisama, era kasagamisama… El padre del muchacho corre al teléfono mientras la esposa se asegura que su hijo no a visto nada. Los padres deciden dejar a Kenji aislado, en el almacén de la casa. El padre de su amigo dice al joven: “Pase lo que pase, escuches lo que escuches, no abras la puerta y mantén la llave echada hasta el amanecer“.

Las horas transcurren lentamente y el joven decide acostarse. En plena noche, escucha como su amigo lo llama desde el otro lado de la puerta. Este le dice que le ha traído unos bocadillos a escondidas, ya que su padre es un exagerado. El muchacho, hambriento, abre la puerta y coge los bocadillos que su amigo le ha dado. Tras esto, cierra la puerta y cuando va a cerrar con llave, esta se cae al suelo justo al lado de donde el padre de su amigo ha depositado un taza de sal. Al enderezarse, el joven ve nuevamente a su amigo delante de la puerta. Este, con una voz quebradiza, le pide que abra la puerta.

Kasagamisama, la mujer del paraguas

Cuando su mano descansa sobre el pomo, contempla como la taza de sal comienza a arder. Su amigo sigue insistiendo, pidiendo que le deje entrar. El joven, dando un paso hacia atrás, mete la llave en el cerrojo y cierra. De pronto, las luces se apagan y el almacén comienza a temblar. La voz de su amigo se intensifica y tan solo dice: ábreme, ábreme, ábreme… La sal, ya negra por el fuego, sigue humeando. La voz de su amigo se apaga mientras escucha nuevamente un extraño chillido: ¡kushiiiiii!, ¡kushiiiiii! Kenji se protege en un esquina y agacha la cabeza.

Las horas transcurren y comienzan a oírse el canto de los pájaros mientras el primer rayo de sol entra por la ventana del almacén. El joven abre la puerta y camina hacia la casa de su amigo. De pronto escucha un chillido detrás de él, y al girarse contempla la cara de una mujer fantasmal debajo de un paraguas. Las palabras del padre de su amigo suenan en su cabeza: “Pase lo que pase, escuches lo que escuches, no abras la puerta y mantén la llave echada hasta el amanecer“.

Kasagamisama, la mujer del paraguas

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