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Kongobuji, el templo que prohibió los gatos por ser demasiado adorables

29/06/17 | +Asia

El Monte Koya o Kōyasan es uno de los lugares, por no decir el centro más importante del budismo shingon en Japón. Esta zona está situada en las montañas de la prefectura de Wakayama, al sur de Osaka. A diferencia de algunas instituciones religiosas en Japón, que están situados en los centros urbanos codeándose con el mundo actual, la ubicación remota de Kongobuji (el templo más importante de la zona) ha significado que desde siempre ha tenido una fuerte conexión con sus normas originales. Esto atrae a peregrinos y viajeros que se alojan en los aposentos del templo para ver el estilo de vida de los monjes.

En el pasado, estas tradiciones tan fuertes y antiguas hacían que las mujeres tuviesen la entrada prohibida a muchas partes del montañosa Koyasan. Sin embargo, un episodio reciente del programa Sekai Ichi Uketai Jugyo, de Nippon Television, afirmó que no sólo las mujeres tenían prohibida la entrada a dicho templo. Según el programa, los gatos también fueron prohibidos. Sekai Ichi Uketai Jugyo afirmó que la razón de esto es que la ternura abrumadora de los felinos era un obstáculo para la formación de los monjes.

Danjogaran Koyasan / Wikimedia
Danjogaran Koyasan / Wikimedia

La revelación del programa no pasó desapercibido para los Internautas japoneses, que aseguran comprender a la perfección dicha explicación, ya que no era la primera vez que se distraen de sus quehaceres viendo vídeos de gatitos en Internet. Si bien es cierto que la ternura de los gatos puede debilitar la concentración de la mayoría de los trabajadores, esta podría no ser la razón principal de dicha norma. Al parecer, los gatos no eran los únicos animales mencionados en las normas de Kongobuji.

En 1906 un texto de de Shinjo Hinonishi, uno de los administradores principales del templo, estableció que “los monjes no debían alimentar a los gatos ni a los pájaros“. De la misma manera la Federación de Turismo de Wakayama, en su definición sobre la zona, explica que el cuidado de las mascotas en general fue prohibido. Otros documentos históricos mencionan restricciones similares. Vale la pena señalar que, aunque a los monjes no se les permitió ofrecer hospitalidad a los animales, no se incentivo ningún tipo de acorralamiento, persecución o maltrato.

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