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Hitotsume-kozō, los espíritus de un solo ojo que piden silencio en Japón

27/06/16 | +Asia

Japón, tierra con una cultura muy diferente a la nuestra, una cultura milenaria. Esta cultura se caracteriza por poseer miles de historias y criaturas fantásticas, mitologías realmente extrañas, como la leyenda de los Jikininki, humanos japoneses condenados a comer cadáveres, los Nekomata, los gatos japoneses que controlan a los muertos o el Namazu, la explicación del folclore japonés a los terremotos.

Además, Japón es un país “agraciado” en fauna, flora y paisajes muy particulares que aumentan, aún más, las leyendas tanto tradicionales como actuales, como la isla de Yakushima, en donde se dice que llueve 35 días al mes, o el camino hacia Laputa, la bella carretera con destino al cielo de Japón. Seguro que estos paisajes tan extraños y únicos son la base de muchos yōkais japoneses, como el ‘Hitotsume-kozō‘ (‘一つ目小僧’), los niños-yōkai de un solo ojo del folclore japonés.

Hitotsume-kozō

¿Qué es un yōkai? Seguramente ya os hemos hablado alguna vez de lo que es un yōkai, pero vamos a refrescaros un poco la memoria. La palabra yōkai se usa para abarcar clases de criaturas, monstruos y seres sobrenaturales de manera genérica. Son inmunes al ataque humano, pero pueden ser derrotados por monjes, conocidos como Onmyōji, especialistas en magia y adivinación.

Por lo general, estos yōkais son benignos, es decir, tan solo se dedican a aparecer de repente y asustar a la gente, por lo que, a priori, son inofensivos; aunque no nos libraremos de un buen susto. Se dice que los Hitotsume-kozō suelen aparecer en lugares de mucho ruido, pidiendo a la gente silencio. Pese a que no se les considera malignos, el encuentro con una de estas criaturas no se considera un mal presagio. Son representados con la apariencia de un niño calvo de unos 10 años de edad, con la particularidad de que posee tan solo un ojo, pero este estará en el centro de su cara y será de mayor tamaño. Algo así como un cíclope

Hitotsume-kozō

Los avistamientos de estas criaturas se suceden a lo largo de toda la historia de Japón. En el periodo Edo, en Yotsuya, barrio de Shinjuku, vivía un hombre llamado Ojima Yakiemon, quien se dirigía por negocios a la finca de la familia samurái Asanuno. Cuando esperaba en una habitación, un hitotsume-kozō, de unos diez años de edad, apareció y comenzó a jugar y dar vueltas a su alrededor. Cuando Yakiemon le hablo, el hitotsume-kozō le dijo que se callase, fue en ese momento cuando Ojima Yakiemon vio su único ojo y cayó desmayado después de un gran grito. Fue enviado de nuevo a su casa donde permaneció dormido durante 20 días, luego volvió a ser tan robusto como antes.

Pero se dice que a un hitotsume-kozō es más probable encontrarlo fuera de casa que en un lugar interior. Cerca de Kumenan, una ciudad situada cerca del Distrito de Kume, en la Prefectura de Okayama, existía un camino en una colina llamada Hitokuchizaka (“Colina una boca”). Las leyendas relatan que cuando una persona caminaba por esa senda por la noche, aparecía una luz azul brillante, parecido a una hitodama, acto seguido aparecía un hitotsume-kozō. Se dice que los que no eran capaces de permanecer en pie debido a la sorpresa y el temor, eran lamidos por una lengua enorme; esto dio origen al nombre de la colina.

Hitotsume-kozō

Existe una enfermedad, producida en los fetos de las madres con deficiencia en vitaminas, llamada holoprosencefalia, denominada anteriormente como anencefalia. Consiste en la malformación del cerebro y la cara. En los extremos más graves causan malformaciones importantes, que son incompatibles con la vida y, a menudo, causan la muerte intrauterina espontánea. Entra las anomalías faciales más graves está la ciclopía, caracterizada por el desarrollo de un solo ojo, que se ubica en la zona de la nariz. La nariz no está, o si esta, tiene forma de un apéndice tubular situada encima del ojo. Se dice que los niños que nacían con estas deformaciones dieron origen a la leyenda de los hitotsume-kozō.

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