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El ser vivo de casi 400 años que sobrevivió a la bomba atómica de Hiroshima

24/02/17 | +Asia

No es la primera vez que, hablando sobre la historia del pueblo japonés -y del mundo en el que vivimos-, comentamos la historia de las dos únicas bombas nucleares utilizadas sobre población civil en tiempo de guerra. Por ejemplo, hemos conocido la historia de los hibakusha, los supervivientes marginados de las bombas nucleares, que aún hoy siguen padeciendo los efectos de la radiación. Japón tiene la desgracia de ser el único país en el que se han lanzado dos bombas nucleares, matando a decenas de miles de personas no sólo en el ataque, también en generaciones posteriores.

El presidente de Estados Unidos en 1945, Truman, ordenó finalizar la guerra contra el Imperio de Japón demostrando la superioridad americana. Para ello, permitió los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki. Entre el 6 de agosto y el 9 de agosto de 1945 las bombas mataron o condenaron a muerte a unas 246.000 personas. Además de los fallecidos, las dos explosiones nucleares y la radiación posterior dejaron cerca de 360.000 hibakusha, supervivientes afectados por diversas dolencias. Fueron, quizás, lo más afortunados, pues muchos otros ni siquiera tuvieron la oportunidad de sobrevivir.

Bonsái de los Yamaki - Bonsái Empire/YouTube
Bonsái de los Yamaki – Bonsái Empire/YouTube

Hay que tener mucha suerte para sobrevivir a una explosión nuclear y, algunas personas del pueblo japonés pudieron sobrevivir, a pesar de encontrarse a pocas manzanas del epicentro de la explosión. Un milagro o la simple suerte hicieron que dichas personas sobrevivieran, y su historia ha sido largamente documentada en libros y documentales sobre la historia de las bombas atómicas y los hibakusha. Sin embargo, no sólo personas lograron sobrevivir a las explosiones nucleares, y un pequeño número de otros seres vivos también lo hicieron.

Un ser vivo de 392 años que sobrevivió a Little Boy

“Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”, decía públicamente Robert Oppenheimer, el físico considerado el padre de la bomba atómica, cuando comprobó de primera mano el poder destructivo del arma que había creado, parafraseando la Bhagavad-gītā hinduista. Sin embargo, si algo nos ha enseñado la historia, es que la vida siempre se abre camino. Quizás por ello el terrorífico invento del “destructor de mundos” lanzado en Hiroshima y apodada Little Boy, no pudo terminar con la vida de un ser que, en dicho momento, ya llevaba más de 300 años sobre la tierra.

Y es que aquel fatídico lunes 6 de agosto de 1945, a 3 kilómetros de la explosión nuclear -lo cual es una distancia ridícula en una explosión nuclear-, se encontraba un pequeño bonsái de pino blanco japonés en la ciudad. Se situaba en la conocida como “zona cero”, en donde teóricamente la mortalidad es del 100% y todo queda calcinado en segundos. Un muro protegió el bonsái centenario, permitiéndole sobrevivir a uno de los eventos más trágicos de nuestra historia reciente. De hecho, un vídeo de la época en el vivero de la familia Yamaki, a quien pertenecía el bonsái, muestra el bonsái de pino blanco al fondo, en pie y resistiendo la explosión.

En la actualidad, este bonsái de unos 60 centímetros de alto y una estructura realmente preciosa, se encuentra en el Bonsai y Penjing del National Arboretum de Washington. Un experto de los bonsái japonés llamado Masaru Yamaki regaló el ejemplar a Estados Unidos en 1976, como símbolo de la unión de ambas culturas, como símbolo de la amistad. Después de lo sucedido y de su historia, no nos imaginamos un mejor regalo entre naciones. En la actualidad este bonsái de pino blanco japonés tiene la friolera de 392 años aproximadamente, ya fue plantado en 1625.

Bonsái de los Yamaki - Bonsái Empire/YouTube
Bonsái de los Yamaki – Bonsái Empire/YouTube

La familia Yamaki, desde hace más de una década, junto al museo americano, ha promovido la historia de este bonsái, como símbolo de la paz y de la amistad de ambas naciones.

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