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El monstruo de 21 caras: la historia del asesino de los bombones envenenados

4/08/17 | +Asia

Japón, posiblemente, es uno de los lugares con menos delincuencia de la Tierra. De hecho, si viajáis a este país una de las mejores sensaciones que tendréis es la de la extrema seguridad que se respira en todos los lugares, incluso en los callejeando de ciudades como Tokio, Kioto u Osaka. Nadie debería tener miedo de viajar a Japón en este sentido, y es un ejemplo de seguridad y respeto para todo el mundo. Por supuesto, esto no quiere decir que en Japón no exista la criminalidad, pero sí es mucho más baja que en otros países también muy visitados, como Estados Unidos.

Pero como hemos comentado, sí existe delincuencia en Japón. Todos conocemos o hemos oído hablar de la Yakuza, el equivalente al crimen organizado en el país del sol naciente. Fuera de los “círculos” de la mafia también se pueden encontrar delincuentes nipones temibles. Hoy os contaremos la historia de “el monstruo de 21 caras“, alias de uno de los criminales más conocidos del citado país.

kanji

El monstruo de 21 caras, también conocido como “el hombre misterioso con 21 caras” o “el fantasma con 21 caras“, originalmente fue y es un villano de las novelas del novelista y crítico literario japonés Ranpo Edogawa. Este personaje se utilizó como un alias de la persona o grupo de personas que escribieron cartas amenazadoras en el famoso caso Glico Morinaga. Esta caso trataba una serie de extorsiones dirigidas principalmente a las confiterías industriales japonesas Ezaki Glico y Morinaga.

Cartas a Ezaki Glico

El monstruo de 21 caras envió su primera carta el 10 de mayo de 1984 a la compañía japonesa de confitería con sede en Osaka, Ezaki Glico, tras el secuestro y posterior fuga de su presidente, Katsuhisa Ezaki. En dicha carta el criminal indicaba que había envenenado dulces de la citada compañía con cianuro de potasio, y amenazaba con dejarlos en las estanterías de los comercios. No se halló rastro de ningún caramelo envenenado, pero los productos de Glico fueron retirados de los almacenes, lo que resultó en una pérdida para la compañía de más de 21 millones de dólares y el despido de 450 trabajadores. Mientras tanto, el monstruo de 21 caras envió cartas a los medios de comunicación y a la comisaría de Koshien burlándose de los esfuerzos policiales por atraparlo. Finalmente, el criminal realizó un mensaje en el que perdonaba a la compañía Ezaki Glico, y el acoso cesó.

Monstruo de 21 caras

Cartas a Morinaga

Tras el cese de las hostilidades contra Ezaki Glico, el monstruo de 21 caras volvió a actuar. Aunque esta vez su objetivo fue Morinaga & Company, otra compañía confitera de Tokio, y las compañías de alimentos Marudai Ham y House Food Corporation. En octubre de 1984 se envió a las agencias de noticias de Osaka una carta firmada por el criminal, en la que aseguraba que 20 paquetes de bombones Morinaga habían sido envenenados con cianuro de sodio. Tras el aviso, la policía buscó en los comercios y encontró más de una docena de paquetes envenenados de la citada compañía. Los productos portaban una etiqueta que decía: “Peligro: Contiene Toxinas“. Un mes después se encontraron más bombones envenenados, lo que hicieron un total de 21.

Muerte del inspector Yamamoto

Incapaz de capturar al monstruo de 21 caras, el inspector encargado del caso, Yamamoto, se suicidó en agosto de 1985. Cinco días después del suceso, el criminal mando un mensaje final a los medios en el que afirmaba terminar con sus actividades criminales y, en caso de que alguien mandase otra amenaza a las compañías de alimentación niponas, este seria un imitador. Tras esta carta, el monstruo de 21 caras desapareció. Ningún sospechoso fue detenido ni condenado por los crímenes, y la identidad del monstruo de 21 caras sigue siendo un misterio.

Bombones

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