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El gran terremoto de Kantō: el día en que toda una ciudad japonesa fue destruida

28/07/16 | +Asia

1 de septiembre de 1923, una fecha que los habitantes japoneses nunca olvidarán, y que tienen grabada a fuego en sus memorias, libros, historia y cultura. No, no se trata de la destrucción caótica de algún ingenio creado por los científicos e ingenieros humanos, sino de algo mucho más corriente en el país del sol naciente y que, por suerte, en la actualidad han conseguido contrarrestar. Sin embargo, lo que sucedió en Japón fue casi tan destructivo como los bombardeos atómicos de Hiroshima y, por descontado, mucho más destructivo que la bomba de Nagasaki.

A las 11:58 del 1 de septiembre de 1923 Japón comenzó a sufrir los primeros efectos del catastrófico Kantō daishinsai (関東大震災) o Gran terremoto de Kantō, que azotó la región de Kanto en la isla japonesa de Honshu, afectando a las prefecturas de Chiba, Shizuoka y Tokio. Todas estas regiones sufrieron graves consecuencias debido al seísmo, con una magnitud de 7,8 en la escala sismológica de Richter, sin embargo, la peor parte le tocó a la Prefectura de Kanagawa y, en concreto, a la segunda ciudad más habitada del país. La ciudad portuaria de Yokohama (Yokohama-shi, 横浜市) fue, literalmente, borrada del mapa.

Situada en una península de la bahía de Tokio, en 1859 se inauguró el puerto de Yokohama y fue uno de los primeros grandes puertos en la nueva etapa japonesa de comercio con el exterior, permitiendo que la ciudad creciera en habitantes y riqueza. Sin embargo, en 1923 la ciudad tuvo que volver a empezar desde cero, literalmente siendo reconstruida de sus cenizas cual ave fénix.

Gran Terremoto de Kantō

El Gran Terremoto de Kantō, pese a no ser uno de los más fuertes de la historia – el terremoto de 2011 marcó una magnitud de 9.0 – sí fue uno de los más devastadores. En aquel momento Japón aún no había desarrollado una eficiente tecnología para que sus estructuras pudieran aguantar los terremotos, y fueron pocos los edificios que aguantaron el seísmo sin derribarse. En 1923 la ciudad fue destruida y causó la muerte de más de 100.000 víctimas en la región.

Según cifras oficiales de la época, el terremoto causó la muerte de, al menos, 105.385 personas, así como la desaparición de 37.000 personas más, la mayoría probablemente muertas. Aunque pocos edificios aguantaron las sacudidas del temblor, se cree que una gran parte de los muertos proceden de los importantes incendios que sucedieron a los terremotos. Se registraron hasta 88 incendios, algunos de ellos enormes y avivados por el tifón cerca de la península de Noto. Esto provocó el fenómeno piroplástico conocido como tormenta ígnea o tormentas de fuego, comunes en los grandes incendios forestales. Pueden alcanzar temperaturas de 2000 ºC, alimentadas por el constante flujo de oxígeno, gracias a las enormes corrientes de aire provocadas por el propio incendio.

Gran Terremoto de Kantō

Se cree que, tras el Gran Terremoto de Kantō, la tormenta ígnea más grande se produjo en Rikugun Honjo Hifukusho, lugar al que muchos residentes de clase media habían huido. Se estima que entre 38.000 y 44.000 habitantes que habían huido a esta zona de los incendios se vieron rodeados por las llamas de una tormenta ígnea; sólo 300 ciudadanos pudieron salir con vida y escapar de este fenómeno piroplástico.

Las cifras del desastre en Kantō son terribles: 570.000 hogares fueron destruidos y dejaron unos 1,9 millones de refugiados. Sin embargo, no fue el único desastre ocurrido durante dicho periodo en la región de Kantō. El caos y el pánico creado por el terremoto ayudó a levantar un rumor, probablemente mal intencionados, que provocó la matanza de miles de inocentes. Se originó el rumor de que los coreanos estaban aprovechándose de la situación para cometer saqueos y provocar incendios. Turbas de ciudadanos japoneses, como si fueran pequeñas milicias, asesinaron a miles de coreanos y habitantes de Okinawa. Debido a que las personas con acento coreano pronuncian la “G” o la “J” de manera distinta, se estableció por las milicias civiles como palabras de seguridad jū-go-en, go-jū-sen y gagigugego. Si una persona no pronunciaba bien estas palabras, era golpeada o asesinada. Sin embargo, no sólo los coreanos pronunciaban de forma diferente la G o J: chinos, okinawenses y japoneses que hablaban dialectos regionales, también fueron asesinados. Aunque no hay cifras oficiales, se estima que alrededor de 6.000 personas murieron por causas ajenas al terremoto.

Gran Terremoto de Kantō

El Gran terremoto de Kantō no sólo fue un desastre natural, también mostró lo peor de la raza humana. Por este motivo, y desde 1960, el 1 de septiembre se conoce en Japón como el Día de la Prevención de Desastres, que sirve para recordar a los fallecidos de esta tragedia y para concienciar a la gente de lo importante que es prepararse para los terremotos, tanto física como psicológicamente. De hecho, en este día es bastante habitual ver simulacros en colegios y empresas.

Los que sois aficionados al anime, un visionado obligatorio en el que se trata este devastador suceso de forma bastante realista, es en la película ‘El viento se levanta’ de Studio Ghibli, última obra de Hayao Miyazaki.

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