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Cambian vecinos por espantapájaros en una ciudad fantasma de Fukushima

29/11/16 | +Asia

Japón aún sigue sufriendo las consecuencias del desastre nuclear producido en la Central nuclear Fukushima I el 11 de marzo de 2011, uno de los peores en la historia junto al ocurrido en Ucrania, conocido como el Accidente de Chernóbil . Un terremoto de magnitud 9 sacudió Japón el 11 de marzo de 2011, y aunque las medidas anti-temblores de la central funcionaron correctamente, no estaba preparada para recibir el impacto de una gran ola producida por un tsunami.

Aunque históricamente la zona había sufrido tsunamis de hasta 38 metros, el muro de contención de la central sólo tenía unos 6 metros de alto, y muchas de las estructuras importantes de la central se encontraban en terrenos fácilmente inundables. Cuando la ola de 12 metros barrió gran parte de la central nuclear, estropeó los motores diésel de emergencia que estaban dando electricidad a la refrigeración de los reactores -la línea de corriente principal había sido dañada por el temblor-.

Espantapájaros de Naraha - Asahi Shimbun
Espantapájaros de Naraha – Asahi Shimbun

Los reactores 1,2 y 3 se quedaron sin refrigeración, produciéndose el accidente nuclear pocas horas después. Ocurrió una fusión parcial del núcleo en los reactores 1, 2 y 3, explosiones de hidrógeno que destruyeron los edificios que albergaban los reactores 1,3 y 4, y una explosión que dañó el tanque de contención del reactor 2. Las autoridades, debido a la alta radiación registrada en la zona, establecieron varios perímetros de seguridad, incluso de treinta kilómetros a la redonda, para impedir el acceso de la población. Esto provocó que muchas ciudades cercanas a la central, dentro o bordeando la zona de exclusión, fueran abandonadas de la noche a la mañana.

Una de las ciudades que quedaron despobladas en cuestión de horas fue Naraha, situada en la Prefectura de Fukushima. Por suerte para los residentes de la ciudad, Naraha es una de las primeras urbes a las que el gobierno japonés permitió volver, tras terminar las labores de limpieza. La ciudad fue reabierta en septiembre de 2015, lo que implica que estuvo desierta unos 4 años, para muchos un tiempo lo suficientemente largo como para no volver – además del miedo a la contaminación nuclear que aún experimentan los vecinos de la zona.

A la ciudad han vuelto, en el último año, menos de una décima parte de los residentes que vivían en la ciudad antes del terremoto y del accidente nuclear de 2011, por lo que algunos habitantes han decidido reemplazar a sus vecinos. Algunos habitantes de la ciudad han decidido reunirse y fabricar muñecos o maniquíes con forma humana, con el objetivo de colocarlos alrededor de toda la ciudad. Estarán situados en lugares en donde se solía reunir la gente, como parques y plazas públicas, y así acompañar a los poco más de 700 habitantes que han decidido regresar.

Unos 35 voluntarios están creando estos personajes ficticios, reuniéndose en el viejo edificio en donde se ubicaba originalmente la escuela primaria, rellenando cabezas y manos de algodón que, más tarde, acoplan a brazos y cuerpos de madera enrollados con papeles de periódico, ocultos por ropajes. Los maniquíes tienen todo tipo de edades, desde bebés de 2 años hasta ancianos de 85.

Por el momento se han fabricado una treintena de muñecos, que han sido colocados en una entidad financiera y en una guardería, entre otros lugares. De lo que no estamos muy seguros, es si es más terrible una ciudad totalmente desierta o, por el contrario, una ciudad habitada por espantapájaros… El objetivo, por supuesto, no es el de asustar, sino todo lo contrario.

Espantapájaros de Naraha - Asahi Shimbun
Espantapájaros de Naraha – Asahi Shimbun

Representantes de la ciudad esperan que estos muñecos, con el tiempo, sean acogidos por los residentes con una sonrisa. De hecho, todos ellos tienen nombre y han sido registrados como habitantes reales de Naraha, a la espera de ser reemplazados cuando, con el tiempo, la ciudad vuelva a tener el esplendor perdido a causa del incidente nuclear.

Sin duda, a más de uno esta historia le recordará a Nagoro, el escalofriante pueblo japonés aislado habitado por más de 350 muñecos creados por una anciana de 65 años.

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