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Así es como China y Japón infectaron de ántrax a EE. UU. sin quererlo en la Gran Guerra

11/05/18 | +Asia

El 28 de julio de 1914 comenzó uno de los conflictos bélicos más importantes de la historia, la Gran Guerra, conocida también como la Primera Guerra Mundial. La guerra enfrentó a las Potencias Centrales (designación atribuida a la coalición formada por los imperios alemán y austrohúngaro) contra los Aliados (bloque que tuvo su origen en la Triple Entente, integrada por Francia, el Reino Unido y Rusia). La guerra involucró muchos más países. Finalizó el 11 de noviembre de 1918, cuando Alemania aceptó las condiciones del armisticio.

En mitad de esta guerra, los ejércitos de Inglaterra y Estados Unidos se vieron asolados por una infección por ántrax que, según pensaban, procedían de tácticas diabólicas del enemigo. Sin embargo, un informe histórico de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades reveló que estas infecciones no se habían producido por las armas enemigas, sino que eran provocadas por la propia Alianza. Los culpables eran los cepillos de barbero.

Tropas revolucionarias rusas

Las armas químicas eran una de las mayores preocupaciones de esta guerra, y los soldados tenían que usar máscaras antigás para protegerse de los ataques de dicloro, una nueva tecnología en ese momento. El dicloro, o cloro gaseoso, es una molécula diatómica homonuclear formada por dos átomos de cloro. En condiciones normales de presión y temperatura es un gas amarillo-verdoso. Es muy tóxico para el ser humano. Sin embargo, las máscaras que estas personas usaban no se ajustaban bien debido a las barbas, por lo que todos los hombres tenían que mantenerse bien afeitados.

Sin embargo, el conflicto interrumpió el suministro de pelos de tejón, con los que se hacían los cepillos de barbear, desde Rusia. Las tropas aliadas decidieron sustituir estos pelos por la crin de caballo importada desde China y Japón. Sin embargo, estos pasaron por alto un paso importante en la elaboración de cepillos de barbear, la desinfección de los pelos de animales. En lugar de mandarlas a sanear a alguna fábrica, estos enviaron los pelos directamente a las fábricas de cepillo de los Estados Unidos.

Cepillo de barbero

Algunos soldados y civiles que se afeitaban utilizando estas brochas de barbero, comenzaban a enfermar, y sufrían infecciones cutáneas. Las lesiones presentaban supuración profunda, eran de lenta curación y producían cicatrices. Estaban afectados por ántrax, una bacteria que se encuentra en el suelo. La ganadería y otros animales pueden transmitir la enfermedad a los humanos. Al usar estos cepillos sin tratar los soldados inhalaban esporas de ántrax. Las infecciones de ántrax en la piel rara vez son letales si se tratan adecuadamente.

El ántrax no era infrecuente a principios del siglo XX, especialmente entre las personas que trabajaban con ganado y productos animales como la lana y el cuero. Entre 1915 y 1924, 149 soldados estadounidenses, 28 militares británicos y 67 civiles en ambos países contrajeron la enfermedad. El número probablemente habría sido mayor si la ciudad de Nueva York no hubiera obligado a los fabricantes a esterilizar sus cepillos a partir de 1920.

Ántrax
Imagen: Drvgaikwad – Wikimedia

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