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Alquiler de hombres para hablar, un servicio japonés

14/10/16 | +Asia

Japón es un país especializado en ofrecer servicios que, sin duda, a muchos les parecerán inservibles o poco práctico. Sin embargo, lo cierto es que este tipo de negocio proliferan cada vez más y, además, se mantienen en el tiempo, así que probablemente sean muy usados y rentables para sus propietarios. Desde la posibilidad de celebrar una boda con todo lujo de detalles sin marido, hasta la posibilidad de enviar a tus ositos de peluche de vacaciones. ¡Cualquier cosa es posible!

Por ello, no nos sorprende leer que en el país del sol naciente existe una compañía de alquiler de hombres para, simplemente, poder hablar con ellos. Fundada por Takanobu Nishimoto, esta empresa es solicitada por muchas personas del país, especialmente gente de avanzada edad, que no se atreven a contarle sus problemas y preocupaciones a sus familiares, amigos o, por supuesto, expertos de la salud mental de las personas.

Ancianos de Japón - Reuters
Ancianos de Japón – Reuters

A estas personas, que generalmente son hombres de entre 40 y 55 años, se las llama ossan, y cobran alrededor de 1.000 yenes la hora. Ellos llegarán junto al cliente y simplemente escucharán y opinarán sobre las inquietudes de las personas que solicitan sus servicios, ya sea opinando sobre el mal tiempo que está haciendo la última semana, o temas personales que las personas quieran comentarles. Son, en algunos casos, incluso sustitutos de las propias familias, para todos aquellos ancianos que se sienten solos.

El servicio no pasa desapercibido por muchas personas, y en concreto la empresa de Nishimoto cuenta con alrededor de 60 ossan listos para escuchar. Cada ossan puede tener una media de 30 clientes y, aunque ciertamente la mayoría son mujeres mayores, lo cierto es que todo tipo de personas deciden contratar este servicio, independientemente de su edad o sexo. Muchos ancianos, además, aprovechan el servicio de estos hombres para dar un paseo con ellos, ir a pescar o, simplemente, salir de casa un par de horas.

Es también una buena medida de luchar contra el aislamiento social, un importante problema en Japón que se conoce con el nombre de hikikomori; hay personas que llegan a pasarse años encerrados en sus casas o habitaciones, sin prácticamente contacto con la familia. Muchos son jóvenes incomprendidos de la sociedad, pero quizás sea más desconocido el caso de los ancianos, que experimentan el hikikomori al dejar de salir de sus casas por miedo o, simplemente, por no mostrarse débiles hacia los demás. Como hemos dicho muchas veces, la vergüenza es algo aún muy importante en la sociedad nipona.

La vergüenza provoca que, en muchas ocasiones, estos ancianos no pidan ayuda a sus familiares, convirtiéndose este servicio en una buena forma de compañía, en una sociedad en donde los roles sociales están generalmente demasiado definidos y no hay derecho a la improvisación o a la debilidad. Por supuesto, parte del servicio consiste en hacer pasar al hombre alquilado por un familiar, como un hijo, en bodas, fiestas e, incluso, funerales.

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