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5 ridículos monstruos que temen los japoneses y con los que te morirás de risa

5/05/17 | +Asia

Hemos hablado mucho de leyendas y tradiciones niponas, de monstruos de su historia y folclore que explicarían gran cantidad de eventos y situaciones de su día a día. Por ejemplo, el enorme Namazu era una explicación a los constantes terremotos que sufría el país en la antigüedad. Otro ejemplo similar es el Hiderigami, un monstruo cuyo único objetivo era causar sequías, y con ellas dificultar la existencia de gran cantidad de familias que vivían gracias a los recursos del campo. Otros monstruos, como sucede en las leyendas occidentales, sólo estaban pensados para asustar, como el Nuribotoke o la Hachishakusama.

Lo cierto es que en Japón son expertos en historias y leyendas de miedo; el terror está en su cultura más tradicional y llevan conviviendo con ellas desde hace mucho. Sin embargo, existen un buen número de monstruos peculiares que, aunque quitan el sueño a muchas personas -especialmente niños-, podrían resultar extremadamente cómicos a ojos de los occidentales. Esta vez hablaremos de 5 monstruos que temen los japoneses pero que, sin duda, suenan realmente ridículos para los occidentales.

Akaname, servicio de limpieza

Empezamos con uno de los yōkai más particulares de la mitología japonesa. De hecho, su nombre es bastante descriptivo de lo que realmente hace: significa “succionador de inmundicia“. Y no, no se trata de un nombre refinado y de una descripción poética para un monstruo que elimina los males de la sociedad. Lo que realmente hace el Akaname es, literalmente, succionar excrementos. Al parecer se cuela en los baños antiguos o descuidados, succionando con su larga lengua los desperdicios a su alcance, motivo por el que algunas noches se escuchan ruidos desde el baño. Imaginamos que el Akaname es el motivo por el que más de un niño japonés no se ha atrevido a ir al servicio por las noches. Eso sí, ¡la mañana siguiente encontrarás el baño limpio y reluciente!


Ittan-Momen, el objeto maldito

En algunas otra ocasión os hemos hablado de los tsukumogamis; ya sabéis que para la cultura y religión japonesa todo en este mundo tiene alma. No sólo las personas, los animales y las plantas, también los objetos tienen alma; desde una botella de agua hasta el rollo de papel higiénico. Pasados 100 años, los objetos se convierten en yōkai. Ittan-Momen es un yōkai de un rollo de tela que, según su leyenda, flota por las noches en el aire atacando a las personas. Se abalanza sobre ellas y se enrosca alrededor de su cuello y cara, evitando que las mismas puedan respirar.


Nurarihyon, el mangante de té

El caso del Nurarihyon es único. Se trata de un peculiar yōkai cuyas historias son propias de la Prefectura de Wakayama, situada al sur de Honshū, la isla principal del archipiélago nipón. La representación típica del Nurarihyon es la de un señor mayor cuya cabeza tiene forma de calabaza y que está vestido con el típico atuendo de los monjes. Este yōkai se cuela en las casas de las personas mientras están fuera, actuando como si fuera su propia casa. Lo más habitual es que el Nurarihyon se prepare su propio té mientras se encuentra en la casa.

Nurarihyon - Wikipedia
Nurarihyon – Wikipedia

Bakezori, el bromista cantador

Nuevamente nos topamos con un tsukumogamis, un objeto que ha cumplido 100 años y que, por lo tanto, ha logrado tener alma propia. Se trata del Bakezori, una sandalia parlante. Se representa como una pequeña sandalia japonesa vieja, en donde se intuye un ojo y una boca con una lengua larguísima. No es agresivo, pero se dedica a asustar a las familias. Corre alrededor de las casas haciendo ruido y cantando “kararin, kororin, kankororin!”, que significa “dos ojos, tres ojos y dos dientes”. Muchos campesinos rezan por no encontrarse con este pesado bromista.


Shirime, el que todo lo ve…

Este es un peculiar yōkai que, en lugar de ano en su trasero, tiene un gran ojo. Su nombre japonés es ciertamente muy descriptivo, pues shirime significa “nalgas ojo“. Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo un samurái estaba caminando por la noche en Kioto, cuando escuchó a alguien gritar. Ordenó que se mostrase y, cuando se dio la vuelta, encontró a un hombre quitándose la ropa y señalando sus nalgas. Un gran ojo resplandeciente se abrió en el ano. ¿Qué sucedió luego? Lo cierto es que la historia japonesa termina ahí, pero el fantasma con un ojo en el trasero es uno de los monstruos más conocidos entre los niños nipones.


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